Resucitar al Mar Muerto. Por David Mendel

El Mar Muerto, cuyo nombre traducido del hebreo es “El Mar Salado”, es un lago situado entre Israel y Jordania. Su superficie está a 430 metros bajo el nivel del mar, y su profundidad es de 304 metros. Mide 50 kilómetros de largo y su punto más ancho tiene 15 kilómetros. Su salinidad, 34%, es nueve veces mayor que la de los océanos, lo cual hace imposible que vivan allí peces, plantas y algas. De allí su nombre “Mar Muerto”.

El rey Herodes lo utilizaba hace 2,000 años como “spa” cuando residía en su palacio en la meseta de Masada. Los romanos estaban fascinados al ver como flotaban las personas y hacían experimentos tirando a los prisioneros judíos, atados de manos y pies, al lago.

El lago está bordeado, tanto en el lado israelí como en el lado jordano, por numerosos hoteles de primera categoría y centros de salud donde se atienden personas que sufren de soriasis, rhinosinusitis y osteoartritis.

El Mar Muerto siempre ha tenido gran importancia industrial. Hace miles de años su asfalto era utilizado en Egipto para momificar a los difuntos. Hoy se extrae del Mar Muerto potasio para fertilizantes, aparte de sal y minerales que son utilizados para fabricar cosméticos. Se calcula que su contribución a los ingresos de Israel y de Jordania alcanza a los 4,000 millones de dólares anualmente.

El grave problema que afronta el Mar Muerto es que está disminuyendo de tamaño a un ritmo alarmante. En los últimos ochenta años ha bajado de nivel más de 40 metros. Una península que, hace décadas, llegaba hasta el centro del lago, hoy lo atraviesa de lado a lado, convirtiendo al Mar Muerto en dos lagos separados.

La causa de la “agonía del Mar Muerto” es que el agua del río Jordán es desviada por Israel y por Jordania, y lo que llega al Mar Muerto es una fracción de lo que el lago necesita para evitar su gradual desaparición. El proceso de extracción del potasio también contribuye a bajar el nivel del lago.

La situación no es irreversible, hasta ahora. Hay esperanzas de que el lago se pueda salvar. El año pasado Israel, Jordania y la Autoridad Palestina firmaron una serie de acuerdos para crear (en algún futuro, cuando la burocracia lo permita) una red de canales y tuberías que traigan agua al lago desde el Mar Rojo. La diferencia en altura que hay entre el Mar Rojo y el Mar Muerto servirá para producir electricidad que se repartirá entre las tres partes.

Es interesante el hecho de que la idea de traer agua del Mar Rojo al Mar Muerto no es original. El visionario Teodoro Herzl, fundador del Movimiento Sionista a fines del siglo 19, la presentó en su libro Altneuland.

Por David Mendel, Mi Enfoque, Israel