Las reparaciones para los judíos de los países árabes deben ser parte integral de cualquier acuerdo de paz

Ninguna solución para el problema de los refugiados palestinos es posible mientras no se haga justicia con los refugiados judíos de los países árabes.

Los palestinos y sus antiguos campeones internacionales conmemoran el Día de la Nakba el 15 de mayo. Al igual que el mujti de Jerusalén Hajj Amin Husseini, líder de los árabes palestinos de principios de los años veinte hacia finales de los años cuarenta, condenaba habitualmente la Declaración Balfour desde su cuartel en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, así el 15 de mayo, fecha en que terminó el Mandato Británico y nació el estado de Israel, se convirtió en el día en que los palestinos conmemoran anualmente su “catástrofe” auto infligida (o Nakba).

Nadie puede ignorar el problema de los refugiados palestinos. Sin embargo, nadie habla de la situación de la mayor cantidad de judíos que fueron expulsados ​​de los Estados árabes tras el establecimiento de Israel. Habiendo fracasado en destruir al recién establecido estado judío por la fuerza de las armas, estos estados se vengaron de sus propias comunidades judías, algunas de las cuales habían vivido en esas tierras mucho antes de la conquista árabe-musulmana en el siglo VII d.c.

Alrededor de 900.000 judíos de los países árabes se vieron obligados a abandonar sus hogares y sus propiedades y fueron sumariamente expropiadas. En algunos de esos países, sobre todo Egipto e Irak, se estima que los bienes robados se calculan hoy en cientos de miles de millones de dólares. Esto incluye muchos edificios y cientos de hermosas sinagogas, empresas y bienes privados que fueron confiscados únicamente porque sus dueños resultaron ser judíos.

Esos judíos fueron expulsados ​​y/o forzados a huir de sus patrias por temor a sus vidas. Fueron sometidos a persecución y numerosos pogroms, aunque de ninguna manera habían herido a sus compatriotas árabes – a diferencia de los refugiados palestinos, que huyeron tras una guerra de aniquilación que sus líderes y los regímenes árabes habían emprendido contra los judíos.

Como parte de la reciente cumbre de la Liga Árabe en Jordania, se reactivó la Iniciativa de Paz Árabe de 2002. Ella ofrece la normalización de Israel con los estados árabes y musulmanes a cambio de una retirada de Judea y Samaria y el establecimiento de un estado palestino con Jerusalén como su capital.

No es sorprendente que la declaración emitida por la cumbre exija concesiones sólo de Israel. Sin embargo, si Jerusalén decide entrar en unas conversaciones de paz sobre la base de este plan, debe exigir una disculpa explícita de los estados árabes que expulsaron a sus ciudadanos judíos durante el conflicto. Israel debe insistir más en que estos judíos sean compensados ​​por la pérdida de sus propiedades terrenales y por el sufrimiento que asiste a su expulsión.

A lo largo de la historia, incontables personas han afligido al pueblo judío. Algunos se han disculpado, y algunos incluso han intentado reparar sus fechorías. Por ejemplo, los portugueses y los españoles se disculparon por su persecución a los judíos y ahora ofrecen pasaportes a todos los judíos cuyas familias fueron expulsadas de esos países, desde la Expulsión de 1492. Los alemanes, que aniquilaron un tercio de los judíos, se disculparon, firmaron un acuerdo de reparaciones con el estado de Israel y compensaron a numerosos supervivientes del Holocausto.

En cambio, los estados árabes no sólo no quieren pagar una compensación a los judíos que expulsaron, sino que se niegan a reconocer esta atrocidad en primer lugar. Ha llegado el momento que estos estados y sus líderes sean señalados por sus fechorías, se disculpen por esta injusticia y compensen a aquellos cuya propiedad robaron.

Israel puede ayudar a corregir una injusticia histórica si deja claro inequívocamente que no firmará un acuerdo para poner fin al conflicto con los palestinos y/o los estados árabes hasta que la cuestión de los refugiados judíos y sus bienes saqueados en los países árabes sea resuelto.

Como estado del pueblo judío, Israel tiene un deber moral supremo, junto con un derecho anclado en el derecho internacional, de exigir que los Estados árabes indemnicen a sus ciudadanos judíos del pasado por los bienes y tierras que les fueron ilegal y injustificadamente arrebatados.

Desafortunadamente, los gobiernos israelíes hasta ahora han ignorado completamente esta cuestión. Uno sólo puede esperar que los gobiernos actuales y futuros recobren sus sentidos lo antes posible, ya que ninguna solución para el problema de los refugiados palestinos es posible mientras no se haga justicia con los refugiados judíos de los estados árabes.

Autor: Dr. Edy Cohen. Autor del libro El Holocausto en los ojos de Mahmoud Abbas (Hebreo).
Fuente: Hatzad Hasheiní